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jueves 25 de octubre de 2007

Patti Smith - Twelve



Si no tienes nada que decir, cállate; si quieres apropiarte de discursos ajenos, al menos intenta mejorarlos.

Dos frases que la sexagenaria Patti Smith debería tatuarse en la frente. La primera, tanto por el decepcionante y sujeto con alfileres Trampin' (su última tanda de temas originales, allá por 2004), como por un actual discurso rebozado de cuasi correción política con los añicos de lo que fue pura trasgresión e irreverencia. La segunda, por Twelve, su reciente recopilación de versiones que, lejos de toda innovación sonora y, especialmente, de las fenomenales Gloria o Hey Joe, únicamente reducen a la media acústica una selección de clásicos del rock, entre los que figuran Changing Of The Guards (Dylan), Midnight Rider (Allman Brothers Band) o White Rabbit (Jefferson Airplane), totalmente despojadas de sus ricas producciones originales y, por ende, de una buena dosis de emotividad que ahora ve en la insulsez su sustituta.

Aunque puestos a hablar de lo monótono, no se puede obviar lo que Smith ha hecho con la tonada que, por antonomasia, hace de su excelente melodía una oda a la repetición más cansina: Pastime Paradise, de Stevie Wonder, sin sus arreglos de cuerda y percusión primitivos, únicamente piano y voz quebrada a lo largo de cinco interminables minutos y medio (más o menos como el citado atentado contra el de Duluth, aunque en su caso se agradezca infinitamente el cambio de solista).

Igual de escandalosas resultan la linealidad y desaprovechamiento del lisérgico y exótiquísimo Within You Without You de los Beatles, ese protagonismo mal concentrado en el bajo a la hora de reinterpretar Gimme Shelter o, sin ir más lejos, la sospechosa semejanza de Soul Kitchen (The Doors) con su antigua Space Monkey (1978).

Al libre albedrío del oyente dejo la calificación respecto a la versión, banjo en mano, de Smells Like Teen Spirit (no olvidemos que ciertos dogmas generacionales suelen despertar reacciones inusitadas), aunque deba decir que ésta forma parte del limitado grupo de aquellas cuyo novedoso maquillaje les permite alejarse de sus rasgos primigenios: The Boy In The Bubble (Paul Simon) abandona todo atisbo de africanidad para encontrarse -cómodamente- con el country de esa América profunda, y Everybody Wants To Rule The World, de Tears For Fears, hace lo propio en el plano cronológico una vez la batería eléctrica ha pasado a mejor vida y las guitarras toman el control. Ejemplos son las tres de una metamorfosis que, para bien o para mal, debiera ser la máxima -y no los compromisos discográficos- a la hora de grabar este tipo de discos.

Por el resto, espero que la vieja decadente no me de otro disgusto este viernes en -oh, uh, ah, bombazo cultural de la semana en la capital mesetaria- el concierto que dará en La Casa Encendida. Vosotros, puesto que las entradas están más que agotadas, no tenéis otra alternativa (je) que conformaros con su último pestiño salido de estudio o esperar a que empaquete un recopilatorio que está casi niquelado. Ea.


Patti Smith - Twelve (2007)